Las frases superlativas para elogiarlo se están agotando y está aburrido de hacer añicos toda clase de récords.
Pero he aquí un estadística que refleja el avasallador dominio de Roger Federer en el tenis.
Federer le ha sacado una diferencia de 3.900 puntos a Rafael Nadal, su perseguidor inmediato en la clasificación mundial. La brecha es superior a las 3.740 unidades que Nadal le lleva a Marc Gicquel, un francés que está en el puesto 50.
No hay resquicio para la duda: el suizo es el amo y señor de la raqueta.
Lo dice su récord en la temporada de 92 victorias y cinco derrotas, el hito de 8 millones de dólares de premios y los tres títulos de Grand Slam que se embolsó.
Sus conquistas en Australia, Wimbledon y Estados Unidos lo dejaron con un total de nueve títulos grandes, a cinco del récord histórico de Pete Sampras.
Federer cantó victoria en el 95% de los partidos que disputó, pero hay uno que le gustaría repetir. Ese fue el de la derrota que sufrió a manos de Nadal, el español que es quizás el único jugador que le incomoda, si bien en el polvo de ladrillo en la final del Abierto de Francia.
Nadal ganó la final de Roland Garros en cuatro sets e inesperadamente volvió a encontrarse con Federer unas semanas después en la catedral de Wimbledon.
Ante el desafío, Federer apretó los dientes y se cobró revancha con un triunfo en cuatro sets. Nadal no volvió a presentarse en una final en el resto del año.
“Roger está en la cúspide y es el único ahí, sin importar cuanta gente quiere hacer comparaciones con esto y aquello”, declaró Andy Roddick, a quien Federer venció en la final de Estados Unidos. “Es el mejor jugador. No hay discusión. Se lo pueden preguntar a cualquiera”.
El cemento de Flushing Meadows fue el escenario del momento emotivo del año, cuando Andre Agassi se despidió del tour tras una ilustre carrera que comenzó en 1986.
En su último US Open, el “Kid de Las Vegas” ofreció un partido memorable al ganarle en cinco sets al chipriota Marcos Baghdatis, el inesperado finalista de Australia, en la segunda ronda pese a jugar con un fuerte dolor en la espalda.
Este fue el año en que Argentina estuvo más cerca que nunca de alcanzar la gloria en la Copa Davis, el máximo torneo de equipos.
Encabezados por David Nalbandian, los argentinos sucumbieron 3-2 ante Rusia en una final disputada en Moscú. Todo se dirimió en un último punto en el que Marat Safin venció a José Acasuso.
Individualmente, Argentina tuvo un año en lo relativo opaco, considerando que en la temporada previa cinco de sus jugadores llegaron estar en los 10 primeros.
Nalbandian fue el único que pudo sostenerse dentro de ese selecto grupo en un año en el que fue semifinalista en Australia y Roland Garros. Su semifinal australiana le permitió convertirse en el tercer jugador activo que ha alcanzado esa ronda en los cuatro Slams.
Aunque ha ganado una Copa Masters, Nalbandian tiene como deuda adjudicarse un Slam y se presume que dejará a un lado la Davis al comienzo de 2007 para concentrarse en ese objetivo.
En la rama femenina, la francesa Amelie Mauresmo acabó con el maleficio que le perseguía en las grandes citas al ganar sus dos primeros títulos grandes, en Australia y Wimbledon.
Pero terminó peleada con Justin Henin-Hardenne, en un episodio con aires de culebrón.
Henin abandonó la final en Melbourne por dolores estomacales, negándole a Mauresmo la satisfacción de ganar por cuenta propia.
Mauresmo nunca creyó en esa justificación, pero logró saldar cuentas al derrotar a la belga en un vibrante tercer set en Wimbledon.
Henin tuvo su consuelo. Campeona en Francia, del Masters femenino y finalista en los cuatro grandes, la diminuta belga cerró el año en lo más alto del ranking.
El otro trofeo grande fue a parar a manos de la rusa Maria Sharapova, cuya consagración en Estados Unidos fue su segunda en ese apartado tras su victoria en Wimbledon tres años antes.
Y la gran innovación del tour fue el uso de la tecnología “Hawk-eye” (Ojo de halcón) con la que los jugadores ahora pueden reclamar la validez de una pelota sobre las líneas.